EL PODER DE LAS PALABRAS

Siempre se habla de la importancia del “lenguaje no verbal“. En diferentes artículos de revista o entradas de blog se analiza el por qué y el cómo de este tipo de lenguaje, que es fundamental para ayudarnos a interpretar lo que nuestro interlocutor nos quiere decir con las palabras.

Se habla mucho de analizar gestos, miradas, posturas a la hora de hablar y comunicarnos pero, ¿nunca te has parado a pensar en la importancia de las palabras que utilizas en tu día a día para hablar con la gente?. ¿Nunca te has parado a pensar en qué tipo de lenguaje usas para comunicarte?. Pues esto es lo que te invito a reflexionar en este artículo.

Lo primero que debemos saber es que nuestro lenguaje verbal condiciona nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. El tipo de palabras que utilicemos con los demás determina, en muchos casos, nuestra relación con ellos. Y las palabras que utilizamos con nosotros mismo, en nuestro diálogo interior, determina igualmente la forma como nos autopercibimos.

Todos conocemos personas que se expresan en negativo (por ejemplo, ven problemas en vez de imprevistos) y cómo otras utilizan un lenguaje positivo y constructivo (por ejemplo, ven oportunidades en vez de problemas).

Diferentes estudios han demostrado que el tipo de lenguaje que se utilice determina uno u otro resultado. Por ejemplo, el psicólogo cognitivo Amos Tversky y el ganador del Nobel de Economía Daniel Kahneman demostraron en un experimento que utilizar un lenguaje positivo en la exposición de un problema (debían escoger entre 2 tratamientos para una enfermedad hipotética) ayuda a inclinarse más por escoger esa opción que si se utiliza una exposición cargado de negatividad. 

En 2012, investigadores del Instituto de Ciencias Cognitivas de Francia (Pia Aravena et col) descubrieron que escuchar un verbo relacionado con la acción física aumenta automáticamente la fuerza con la que las personas agarran los objetos. Si la palabra se presenta en forma negativa, no aumenta la fuerza. Los investigadores observaron un aumento significativo en la fuerza cuando las palabras se presentaron en una oración afirmativa, pero no hubo tal reacción cuando las mismas palabras de acción se presentaron en un contexto negativo. 

Aquí en España, el filósofo y divulgador Luis Castellanos y otros colegas realizaron un experimento con deportistas y estudiantes descubriendo que ante palabras positivas eran más rápidos en las pruebas y acertaban más que cuando las palabras clave eran negativas.

Está claro que según el tipo de palabras que escojas para comunicarte, el mensaje que le llega a tu interlocutor puede variar y “transformar“ la relación entre ambos. Este poder transformador de las palabras es lo que Luis Castellanos nos describe en su libro “Educar en el Lenguaje Positivo“. En él el filósofo nos anima a elegir bien las palabras que utilizamos con los demás y con nosotros mismos ya que las palabras pueden “construir“ o “destruir“.

Para el filósofo no basta con decir palabras positivas sino que tienes que “habitarlas“, es decir, debes interiorizarlas y sentir la necesidad de decirlas. No decirlas por el mero hecho de que sea lo que tienes que hacer. Para ello, propone tres fases para la educación en un lenguaje positivo:

    1. Tomar conciencia del lenguaje que utilizas.
    2. Regular el uso de las palabras, elegir las adecuadas a un lenguaje positivo.
    3. Ser autónomo en el uso del lenguaje positivo. Automatizar su uso sin tener que pensarlo antes.

    Para que sigas reflexionando sobre la importancia del lenguaje positivo, y como éste influye sobre nuestras emociones y salud, hagamos un ejercicio práctico:

    Voy a enumerar una serie de palabras:

    • Gracias.
    • Lo voy a hacer.
    • Estoy feliz.
    • Por favor.
    • Te quiero.
    • Sí.
    • Me ilusiona.
    • Estoy dispuesto.
    • Confío en ti.

    Ahora piensa, ¿Utilizas en tu lenguaje habitual estas palabras? ¿Con qué frecuencia? ¿Qué te inspira estas palabras?.

    Ahora otro ejercicio práctico: Voy a enumerar otra serie de palabras:

    • No.
    • No puedo.
    • No quiero.
    • Vaya desastre.
    • Eso no se hace.
    • Me decepcionas.
    • No lo entiendes.
    • No tienes ni idea.
    • Me aburres.

    Vuelve a pensar, ¿Utilizas en tu lenguaje habitual estas palabras? ¿Con qué frecuencia? ¿Qué impacto tienen estas palabras para ti?.

    Así que ya sabes... ¡piensa en positivo y habla en positivo!. PRACTICA EL LENGUAJE POSITIVO.